Diciembre: en la Comarca es el mes oficial de niños con quemaduras. En muchos países civilizados hay espectáculos complejos con fuegos artificiales; no hay niños quemados. Pero al homus salvadorensis, como a muchos insectos, le fascinan las luces. Está en su cultura quemar pólvora, y diciembre es un excelente pretexto. Funde la celebración con la desgracia. Confunde el ruido con la alegría. El acceso a la pólvora debería estar limitado por la ley.Me recuerdo con once años de edad e internado en la sección de otorrinolaringología del Hospital Benjamín Bloom, a principios de un enero. Uno de los pacientes tiene el rostro cubierto por gasas: es el primer niño quemado que veo. He sumado treinta y dos años a esa edad, y sospecho que algo en mí debe haberse modificado. Algo no ha cambiado, seguro: los niños con quemaduras siguen su constante estadística hacia estas fechas del año.
¿Cómo un padre que ama a su hijo puede colocar pólvora en sus inocentes manos?



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