photograph: dsevilla's photostream (www.flickr.com)El medidor del automóvil marca ciento veinte quilómetros por hora, pero la solitaria carretera de suaves y largas curvas, con tramos casi rectilíneos, permite esa velocidad. El auto dotado con llantas japonesas responde muy bien, y en el interior del habitáculo la música es la única compañía. En algún punto del camino nos cruzamos con una ligera llovizna, el paso de una nube morosa. Reduje la velocidad y las gotas sólo limpiaron el parabrisas. Luego fue el gris de la ciudad.



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