Seguro que la infanta no esperaba encontrar al mismísimo King Kong en lo más alto del rascacielos que ella armó antes de disfrutar su siesta. Eso es lo que sucede con estos gorilas gigantes que a la primera oportunidad se comportan como perfectos primates. Porque, ¿qué pudo haber hecho una infanta dormida para evitarlo?
La calidad de su sueño nocturno y diurno va recuperándose, en la medida que la enfermedad cede poco a poco el terreno conquistado. No ha alzado más rascacielos.



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